Democracia u otra salida

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Paciencia y más paciencia, constancia y más constancia. Así cayó el muro y la URSS. Así caerá esto también.

La vedad que después de la desaparición física del teniente coronel, hoy convertido en “comandante supremo y eterno”, el país ha entrado en una etapa bien complicada. El partido de gobierno, el PSUV, ha quedado descabezado, sin liderazgo, al menos liderazgo sólido. Por su parte el gobierno, presidido por alguien que llegó sin liderazgo alguno, puesto a dedos, después de haber ganado, según el CNE, unas elecciones muy cuestionadas que la mitad del país no lo reconoce coma tal presidente, se nota un desmadre total en la administración pública. Pasamos de un gobierno donde uno solo hablaba, ordenaba, disponía y todos los demás obedecían a uno donde parece que todos sus integrantes quieren aparecer, figurar. Cosa que por otra parte sería muy normal en una democracia pero que en estos catorce años nos tenían acostumbrados a otra cosa. Y lo peor es que no solo son varias voces, sino que esas voces andan cada una por su lado, con lo cual no hay coherencia en las acciones del gobierno. Es probable que el único punto de unión, común, sea la línea con los Castros, en Cuba.

Han pasado los primeros cien días de la administración de Nicolás Maduro y los problemas del país, que ya eran bastantes, se han incrementado y profundizado. Un presidente sin personalidad propia, usando para todo al comandante desaparecido. Siguen los ¡Aló Presidente!, como si no hubiese fallecido. El himno nacional lo canta él. Su imagen está en todas partes, en todos los actos oficiales. Todos se cobijan con sus palabras, sus discursos. Todo se hace porque él lo dijo, porque él lo ordenó. Pero cada uno interpretando sus palabras a su libre albedrío. Nicolás con su pajarito y su primera combatiente, ahora primera dama o más bien primera novia dado sus amapuches. Diosdado, además de jefe de la AN, ahora venido a canciller itinerante. Jaua de gobernador y Arreaza de ejecutivo en la calle. Los gobernadores “socialistas y revolucionarios” por la libre. El Polo Patriótico partido en toletes. El alto mando actuando de forma totalmente autónoma. Anarquía total. Peligroso no.

Por su parte la oposición, la MUD, con algunos agujeritos. Por una parte Capriles tratando de mantener y afianzar su liderazgo y por la otra algunos dirigentes de organizaciones que se supone deben estar dentro de la MUD, aceptando sus decisiones, tratando de montar tienda aparte. Jalando la braza para su sardina. Y muchos analistas políticos metiendo cizañas. Todos queriendo pescar en rio revuelto. Puede que tengan razón, pero me huele que no es el momento. Malo eso.

Ante este panorama el país a la deriva, despedazándose. Nada funciona. Las misiones parada o a media máquina. Huelgas y paros que nadie le para. Trabajadores de diferentes sectores, universitarios, gente de la salud, de las industrias básicas, del transporte, de la educación, protestando y nadie les para. No hay dinero para los hospitales ni para las universidades, ni para el magisterio, ni para ningún servicio público. La inseguridad sigue creciendo a pesar de lo que diga el general ministro. La corrupción haciendo de sus anchas a pesar de los berrinches de Nicolás. Pone zamuros a cuidar mortecina. Eso sí, el discurso ahora es mucho más agresivo que el del comandante, que es mucho decir. Lo escatológico ahora es de uso oficial. La hegemonía comunicacional en su apogeo. La intolerancia a 40 grados. Diálogo, que sería muy necesario, indispensable, regla de oro de la democracia, se hace cada vez más difícil con estos comunistas.

Entonces qué hacer. He ahí la cuestión. To be or not to be. ¿Usamos la Constitución para proceder? ¿Realmente las reglas de la democracia nos servirán para poder superar esta situación? Preguntas difíciles de contestar. Pero hay que intentarlo. Por lo pronto se nos avecinan unas nuevas elecciones. Hay que participar pero, y así se molesten muchos, tener un plan B, alternativo, a disposición. Por favor no confundir plan B con golpe de Estado. Debemos dejar bien claro que los únicos que pueden dar golpes de Estado son los grupos armados, en este caso los militares y los grupos armados del gobierno. Nosotros somos demócratas por convicción. Los del otro lado no sé si son.

mailto:Iolaizola@hotmail.com

 

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