Difícil Paraninfo

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

No sé por qué me vienen a la memoria los funerales de Kim Jong Il, el presidente eterno.


Para quienes hemos adversado al presidente Chávez y su política, somos católicos practicantes y respetuosos de los seres humanos, se nos hace un tanto difícil expresar opiniones públicas en estos aciagos momentos. El deceso de un primer mandatario en pleno ejercicio de su cargo, es un evento muy poco común en el mundo. En nuestro país es la tercera vez que ello ocurre. Francisco Linares Alcántara el 30/11/1878, Juan Vicente Gómez 17/12/1935 y ahora Hugo Chávez. Por coincidencia todos militares. Las opiniones que se puedan emitir sobre un hombre que todavía está siendo velado al momento de escribir estas líneas, necesariamente estarían impregnadas de un alto subjetivismo. Para quienes lo seguían, creían en su liderazgo y en sus planteamientos políticos e ideológicos, es una pérdida irreparable, se va el grade hombre, el benefactor, el segundo libertador, el Bolívar dos, el Cristo de los pobres y muchas otras expresiones que hemos oído de sus seguidores con lágrimas en los ojos. Lágrimas sinceras, de pueblo, pero también una que otra lágrima de cocodrilo. Las respetamos. Para los que nunca comulgamos con sus ideas, sus planteamientos, posturas y formas de gobernar, tenemos que diferenciar, para emitir opiniones en estos momentos, entre el ser humano que llega al final de su vida y el hombre público.


Con relación al primero tenemos que expresar nuestras más sentidas palabras de condolencia a sus padres, hijos, hermanos y demás familiares y amigos y a sus seguidores por tan sentida pérdida. Que Dios lo acoja en su seno y que le dé fuerzas a sus deudas para superar estos difíciles momentos. Con relación al segundo, al hombre público, al líder de un proceso, de una revolución, al presidente del país, corriendo cualquier riesgo, mantenemos nuestra posición crítica sobre su gobierno, su obra, su llamada revolución socialista, sobre su socialismo del siglo XXI. Hemos creído y seguimos creyendo que su aparición en la política venezolana fue para trastocar todo, tal como lo escribimos la semana anterior. Se hizo un nombre público insurgiendo en contra de la constitución, violando su juramento como militar y provocando muertes inocentes. Creímos y seguimos creyendo que su obra de gobierno introdujo cosas perniciosas en la vida nacional. Inyectó odio entre los venezolanos. Dividió el país. Hizo uso y abuso de los recursos del Estado para beneficio de su proyecto. Acabó con la división de los poderes, acomodó la constitución y leyes a su medida y las violaba a su conveniencia. Hizo lo legal y lo ilegal para ganar sus elecciones y las que perdió, en sus efectos prácticos, las desconoció. Nunca fue un demócrata, usó las reglas de la democracia solo para beneficiarse de ellas. Autoritario, totalitario, demagogo, populista, intolerante, escatológico en su lenguaje. Vendió falacias y quimeras. O estás conmigo o eres mi enemigo. Practicó aquello de que el fin justifica los medios. Sus supuestos logros son opacados con creces por lo negativo de su gestión y la de sus colaboradores. Puede que suene duro en estos momentos pero la muerte de un hombre público no obliga a que cambiemos nuestro parecer sobre su obra. La seguiremos criticando. Y también pedimos respeto para esta conducta. Es muy temprano para sentencias firmes, la historia se encargará de ello. Tiempo habrá para análisis objetivos y desprejuiciados, pero el momento es de lucha. El chavismo dice “Chávez vive la lucha continúa”. “Con Chávez y Maduro triunfo seguro”. Pues bien, para los que lo adversamos y seguimos adversándolo y consideramos que su régimen fue nefasto y de continuarlo sería la destrucción total de nuestra patria, tenemos que decir “Hay que derrotar al chavismo, con o sin Chávez, la lucha debe continuar”.


La oposición no puede perder tiempo, mientras el gobierno usa en estos momentos todo el aparato del Estado, todos los recursos, todos los medios comunicacionales, todo el sincretismo, toda la exaltación del culto a la personalidad, del caudillo, para convertir la muerte de Chávez, sus exequias, en un gran acto político electoral de lanzamiento de su candidato, de su heredero, tal como lo hicieron con su enfermedad, hay que salir ya a la lucha electoral, a la calle, a desmontar falacias, mitos, mentiras, eufemismos, proverbialidades. Respetando al presidente muerto, pero atacando su revolución comunista. Venezuela no se puede enterrar con el teniente coronel felón. Los hombres pasan las instituciones quedan, más aun cuando esa institución es un país. Nuestro país. Repitamos aquello de venezolanos siempre, comunistas nunca.


Iolaizola@hotmail.com

 

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