Venezuela, capital La Habana.

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Celebración del 4F: apología al golpe de Estado.

Quien lo hubiese imaginado. Una llamada revolución bolivariana, nacionalista, independentista, anti-imperialista, subordinando políticamente el país a una dictadura comunista extranjera. Y no me venga con cuentos el señor Maduro, de que ofendemos al decir estas cosas. No, los que ofenden no somos los que denunciamos esto sino los que hacen que ello sea posible. O no es verdad que desde hace ya bastante tiempo la mayoría de las decisiones de importancia sobre el país se toman en Cuba o con la anuencia de los hermanos Castro. Recordemos que la primera salida del teniente coronel felón, cuando fue liberado de Yare, fue visitar Cuba, recibido por Fidel como si fue un Jefe de Estado. Allí comenzó el adoctrinamiento y el proceso de sumisión. Luego, una vez en el poder, vendrían los primeros acuerdos donde Cuba sería “el macho” y nosotros pondríamos todo. Recordemos que cuando el gobierno hacía aguas y se solicitaba el referendo revocatorio, que debió realizarse constitucionalmente en agosto del 2003, el TC fue llamado a Cuba para analizar la estrategia a seguir. Se presionó al CNE para mover la fecha, se inventaron las firmas planas, se convirtió el referendo en plebiscito, se crearon las misiones y nació la lista Tascón. De un 30-70 se pasó a un 60-40, gracias a los consejos (¿ordenes?), de La Habana. A partir de allí la entrega se hizo total. Se empezó a llenar de cubanos toda la administración pública, en especial las dependencias y áreas más sensibles y estratégicas. Educación, salud, registros civiles, cedulación, inteligencia. Y lo más grave, y bochornoso, las Fuerzas Armadas. Banderas cubanas por doquier. Y eso fue un proceso público, notorio y comunicacional. Altos funcionarios gubernamentales, incluidos los máximos jefes, tanto de Cuba como de Venezuela, sin vergüenza ni rubor alguno, empezaron a hablar de dos países, un solo gobierno. De dos presidentes. De dos capitales. Pero hoy es solo una capital, un solo gobierno y no sé si algún presidente o cuantos comandantes.

Y así llegamos hasta hoy. El presidente que por voluntad popular (obligada, comprada) fue reelecto, se encuentra secuestrado en La Habana. Hay una figura de vicepresidente de dudosa legalidad constitucional que debe viajar permanentemente a esa ciudad, conjuntamente con otros altos funcionarios del alto gobierno, a recibir instrucciones de los Castros. Y esa es la realidad así se den partes y más partes disque médicos y se presente firmas “rabo e’ cochino” rojitas. Alguien que haya estado o tenido a un familiar, pariente, amigo o conocido en una UCI sabe que en eso sitios y en esas condiciones no se toman decisiones, no se habla, no se reciben visitas, casi que ni se piensa. De casualidad se respira. Los tubos, aparatos, monitores, sueros, medicinas, enfermeras, médicos, hacen imposible cualquier actividad. Ni el Cid Campeador. Van ya dos meses de engaño. Y el país a la deriva, hundiéndose. Y claro es que gobernados por los Castros, que con su doctrina castro-comunista acabaron con su propio país, no se podía esperar otra cosa.

La URSS ayudó a Cuba, pero no se subordinó a ella. Todo lo contrario Fidel tuvo que doblegarse muchas veces a los dictados del soviet. Si te portas bien te doy. Hasta que le dieron una patada por el trasero. Y todo se derrumbó. Pero la providencia (¿divina será?, hizo el milagro. Una de las últimas dictaduras comunistas del mundo logró, sin un tiro, sin un Machurucuto, que un país con muchos recursos, con mucha historia, con muchos libertadores, se pusiera a su servicio, se le subordinara. Y no solo eso, no solo nuestro petróleo, nuestras reservas, sino la voluntad política. De nuevo disculpa Maduro, o deberíamos llamarte “comandante” Maduro, pero esa es la realidad, la triste realidad. Un país otrora independiente, prospero, alegre, pujante, sometido a la voluntad y caprichos de unos octogenarios, comunistas, criminales, violadores de todos los derechos de su pueblo y destructores de la bella isla. Pero no debemos perder las esperanzas, en algún momento saldrá un Páez y habrá una Cosiata. Seguro.

Iolaizola@hotmail.com

 

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