La Patria nos llama

09/12/2012

Por: Iván Olaizola D´Alessandro

Aquellos que por su insensatez hagan perder gobernaciones habrá que señalarlos públicamente como malos hijos de la patria.

Dentro de pocos días estaremos asistiendo a otro acto electoral, dentro de este carnaval de elecciones a que nos ha sometido esta “revolución bolivariana socialista”. En esta oportunidad se nos convoca para elegir a los gobernadores de estado y los diputados a los consejos legislativos regionales. Si no se conocen en detalle los intríngulis que han rodeado todos los procesos electorales realizados a partir de 1999, es difícil aceptar que esta proliferación de elecciones diste mucho de ser paradigma de una verdadera democracia. Pero quienes lo hemos sufrido, padecido, si podemos señalar que nada tienen que ver con procesos democráticos trasparentes, pulcros, imparciales. Valga decir que se ha usado esta regla de oro de la democracia para burlarse de ella, justificar atropellos y aparentar ante la comunidad internacional.

Para poner algunos ejemplos baste recordar que nunca se ha tenido un árbitro electoral integrado de forma imparcial, con independencia y autonomía del poder ejecutivo. La normativa electoral aplicada ha estado siempre sesgada hacia el gobierno y su partido. El ventajismo electoral de parte de los contendores partidarios del gobierno y su partido es grosero, escandaloso, inmoral y hace casi nugatoria la posibilidad de éxito electoral de una fórmula diferente. Su costo es, por decir lo menos, un despilfarro de recursos si se toman en cuenta otras necesidades del país, y podríamos señalar que la presunción de corrupción ha estado siempre presente. Sin embargo la oposición democrática siempre ha estado dispuesta a participar en esos eventos, jugar con esas reglas, con excepción de las elecciones legislativas de 2005 que resultaron en un lamentable error. Se han obtenido algunos resultados electorales favorables, tildados de pírricos y de otras escatologías por el teniente coronel felón, y que además las consecuencias de esos resultados fueron anulados en la práctica o no tomados en cuenta. Reforma de la Constitución, atribuciones y funciones de gobernadores y alcaldes, son ejemplos de ello.

Aun así y con todo esto, el mensaje siempre ha sido el de acudir a cada proceso electoral convocado. Tratando de desmontar las trampas y denunciando el ventajismo grosero, aun a sabiendas que serían pocos los resultados obtenidos, pero siempre mejorando los números electorales, aumentando el caudal de votos, de proceso en proceso, es decir sumando voluntades en contra de esta mal llamada democracia mejor llamado gobierno totalitario, castro comunista. El pasado 7 de octubre casi siete millones de venezolanos no se dejaron comprar su conciencia y valientemente sufragaron por la propuesta democrática y los propios capitostes del régimen saben que muchos, muchísimos, de sus votantes lo hicieron bajo amenazas, engaños y presiones. Y en las mima circunstancias nos aprestaremos para este 16 de diciembre a acudir a sufragar nuevamente por los candidatos de la oposición democrática y defender esos votos. No importa que ya estén listos los decretos de las comunas que suplantarán las funciones de los gobernadores y entierro de la descentralización. Pero hay que ponérselas bien difícil. Hay que ganar el mayor número de gobernaciones. Si no inventamos, si no prevalecen intereses grupales, particulares y mezquinos, deberíamos mantener las gobernaciones que actualmente están regentadas por gente de la oposición democrática: Amazonas, Carabobo, Miranda, Nueva Esparta, Táchira y Zulia. Consolidar Lara y Monagas y con alta posibilidad de lograr triunfos en Anzoátegui, Bolívar y Mérida. ¿Exceso de optimismo? No creo. Los candidatos del gobierno son puestos a dedo, en contra de la propia voluntad de los electores rojitos, y muchos “navegaos”, fracasados en otros cargos y los repitientes tienen una pésima hoja de servicio. Claro que los dineros de todos los venezolanos están, de una forma vergonzosa, a la orden de ellos, pero su portaviones parece que esta haciendo aguas. Además me resisto a aceptar que nuestro pueblo continúe dejándose engañar con falsas promesas y cantos de sirenas. El encantador de serpientes, el ventrílocuo felón, esta en cámara hiperbárica, oxigenándose en el mar de la felicidad, mientras aquí palpamos el deterioro total del país. Es hora de acudir al llamado de la patria. No hay excusas. Todo a votar y a votar bien.

Iolaizola@hotmail.com

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La Revolución Comunista solo destruye

03/12/2012

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Apareció el desparecido en la isla de la felicidad.


En vista de que por fin parece que nos estamos dando cuenta de hacia donde nos llevan, me tomo la licencia de reproducir un paraninfo publicado hace ya 7 años, con ligeras adaptaciones.


“En estos doscientos años que van desde aquel 5 de julio de 1811, muchas han sido las situaciones que se han vivido en esta tierra de gracia. Desde el punto de vista político se han construido, de acuerdo a la nomenclatura actual, cinco repúblicas, lo que equivale a decir que se han destruido cuatro. Y dentro de la vigencia de cada una de estas repúblicas, muchos gobiernos han surgido y muchos han caído”.


En estos catorce años años, después del período mas largo de estabilidad republicana, hemos estado transitando uno de los períodos políticos de mayor inestabilidad. No importa de qué lado se esté al hacer el análisis de estos casi tres lustros, para estar de acuerdo en que mucho se ha destruido y muy poco se ha construido. Posiblemente unos dirán que es cierto pero es que se ha destruido para construir algo mejor y otros pensarán exactamente lo contrario; se ha destruido por destruir, sin construir nada en absoluto. Me inclino a favor de estos últimos”.


“Apenas el teniente coronel felón asumió el poder, comenzó su proceso destructivo. Su primer decreto fue acabar con la Constitución, enterrando la llamada IV República. Se hizo la “mejor” y más violada constitución del mundo y se proclamó la V república. Así se comenzó el proceso legal de destrucción. Se ha intentado destruir todo el legado histórico desde los tiempos precolombinos. Destruir la historia, borrarla. No ha habido tiempo en esta llamada revolución, de pensar qué construir, solo tiempo para destruir, para borrar, para negar”.


“Un decreto de destrucción es remplazado por otro que cambia el anterior y solo propone nuevas destrucciones. Se ha destruido el Estado de Derecho. El Congreso Nacional fue sustituido por una Asamblea Nacional que se ha convertido en una máquina eficiente de destrucción del mecanismo legislativo del país. Se transformó la Corte Suprema de Justicia para destruir el sistema judicial. Se crearon nuevos poderes para destruir otros. Se destruyó la autonomía del sistema electoral. Igual ocurrió con el ministerio Público y la Contraloría, esta última desapareció definitivamente. Sí se creó algo nuevo, la Defensoría del Pueblo, instrumento de destrucción de las esperanzas de los tontos. Las Fuerzas Armadas Nacionales fueron singularizadas, para ser destruidas. Aquí habría que reconocer que con la FANB se ha tratado de construir algo: una nueva fuerza armada, particular, politizada, ideologizada. La moneda, las escuelas, las universidades, los hospitales, no han escapadode este tsunami comunista. Los ministerios, institutos y empresas son remplazados por otros, con la intención de destruir algo. Nada estable, sensato y duradero ha remplazado lo destruido. Ni física ni espiritualmente”.


“El país todo se cae a pedazos, nada funciona, y la respuesta es más destrucción. Se destruyen los puestos de trabajo, las unidades de producción, tanto industriales como agropecuarios. Se expropia y se invade para destruir. Que no quede piedra sobre piedra. Pero quizás lo más grave y lamentable sea la destrucción de los valores morales y éticos del país y la destrucción de casi 170 mil almas a manos de un hampa que pareciese auspiciada por el propio régimen. Se destruyó la unidad nacional. Se están destruyendo los valores más importantes de una sociedad. Se quieren destruir sus costumbres, sus creencias, sus hábitos. La familia pues. Todo, absolutamente todo, hay que destruirlo. Destruir al hombre actual. Alguien nos acotará: es que estamos en un proceso revolucionario, y las revoluciones destruyen todo. Muy cierto y hasta dialécticamente correcto, el problema es que las revoluciones, cuando son comunistas, no saben construir, solo destruir”.


¿Seguiremos esperando que alguien nos ayude a parar esta destrucción? ¿O asumiremos nuestra responsabilidad ciudadana, ineludible, de pararlo? ¿Le diremos no al comunismo? Creo que el tiempo se nos agota. Sí debe haber salidas.


Iolaizola@hotmail.com

 

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