La bota del soldado o el zapato del civil

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Venezolano siempre, comunista nunca.

Cuando escribo este paraninfo faltan exactamente ochenta días para las elecciones presidenciales. Ochenta días que se me antoja serán decisivos para la república. Por un lado vemos al candidato de la oposición democrática visitando todos los pueblos de la geografía nacional, llevando un mensaje de paz, de entendimiento, de inclusión, de respeto, en cada caserío, pueblo y ciudad, en cada barrio, cerro y urbanización. Oyendo a la gente y haciendo propuestas para resolver los principales e ingentes problemas que aquejan a nuestra gente. Problemas que si bien es cierto algunos son de vieja data, la mayoría son nuevos o profundizados en estos largos años de la tal “revolución socialista”. Apostando al futuro. Montando a todos, sin exclusión, en el autobús del progreso. Señalando que hay un camino. El otro candidato, el del planteamiento socialista, comunista pues, el que va para catorce años desgobernando el país, destruyendo todo, haciendo promesas que jamás cumplirá, gobierno de primeras piedras y de vallas publicitarias, de cadenas interminables, montado en su carroza, al mejor estilo carnestolendas, con su proverbial verbo insultador, grosero, amenazante, destilando odio, dividiendo aun más el país. Haciendo un uso abusivo de los recursos del Estado. Engañando a todos nuevamente. Presionando a todos los poderes públicos para que se monten en su carromato. Exigiendo incondicionalidad al CNE. Obligando a la FAN a ponerse a su servicio. Culpando a todos de sus propios errores. Auto exculpándose de todas sus torpezas y de su incapacidad para gobernar. No importa ministros, gobernadores o alcaldes. “Sólo importo yo. El Jefe de la revolución socialista del siglo XXI, el comandante en jefe, el jefe del Estado, el presidente del partido. El supremo. Yo soy el pueblo”.

Así irán pasando estas once semanas. La tensión ira subiendo. Más abusos y amenazas del candidato del gobierno y de su gobierno. Pero también cada día se irán aclararán las cosas. Se definirá el panorama. Los que quieren un país alegre, lleno de vida, de futuro, de inclusión. Con una educación de calidad. De buenos servicios públicos. De hospitales con médicos, enfermeras y medicinas. De carreteras sin huecos. De arcoíris de amistades. Sin partes de guerra mortuorios de fin de semana. Sin escasez de alimentos. Con trabajos estables y de calidad. Con unos poderes públicos independientes y autónomos. Con unas FAN institucionalistas. Con un presidente que se respete y respete, que trabaje y que hable poco. Sin cadenas. Todos ellos, de seguro, se inclinarán por el candidato de la unidad democrática. El flaco. El joven que tiene en su haber una experiencia exitosa como parlamentario, alcalde y gobernador. Invicto electoralmente. Todos ellos sufragarán el 7 de octubre con la esperanza puesta en el futuro. En una Venezuela mejor. En una Venezuela que se adentre en el siglo XXI. Los que quieran todo lo contario, los que quieran seguir retrocediendo, yendo al pasado, los que quieran seguir siendo gobernados por un militar golpista, destructor de todo, desuniendo la familia venezolana, llevándonos a la Cuba fidelista, al comunismo obsoleto y fracasado, sufragarán por el líder del proceso. Pero seguro estamos que serán los menos, los muchos menos. Día a día, hay más venezolanos que se están auto operando de cataratas. Que dejan de creer en pajaritos preñados. Que ya el histrionismo del teniente coronel felón no los engaña. Que reciben las dádivas y sobras pero voltean a otro lado. Que la farsa del cristo entre sus manos no los conmueve. Día a día se acaban los bobos, los insulsos. No más soldado. No más cantante desafinado. Se destiñe el rojo.

lolaizola@hotmail.com

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