Todo se derrumbó

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

 

Hacer en pocos meses lo que no se hizo en catorce años es bien difícil. Ni un palo de gua lo salva.


Las revoluciones tal como llegan se van. Llegan atropellando y salen despavoridas. Algunas duran largos tiempos, pero siempre tienen tiempos finitos. Son como la muerte, desde que nacen comienzan a descontar sus tiempos de vida. Y la “revolución nuestra”, si, esa tal bolivariana, socialista del siglo XXI, aun cuando es difícil ubicarla dentro de esa denominación, también le esta pasando lo mismo. Apenas dio sus primeros pasos comenzó a fallecer. Por más deseos e intención de su supremo y único líder y mentor, el derrumbe comenzó temprano. Claro que esta “nuestra revolución” tenía algo que pocas han tenido. Dinero en abundancia. Pero el dinero se acaba. Las promesas se evaporan. Las mentiras se desmontan. La realidad es más fuerte que los deseos. Y estos no empreñan. Catorce años han sido ya demasiado para esta “nuestra revolución pacífica pero armada”. Y, además de los inmensos errores, típicos de toda revolución, de la alta corrupción, de la ineficiencia, del despelote, de los odios, de la intolerancia, se le une a ella el deterioro de la salud del supremo jefe. Evento que hace diferente a esta “revolución bonita” de las demás. El fin del caudillo es el fin de la revolución. Porque también esta revolución fue diferente a las demás. Un solo jefe, un solo caudillo.


Las muestras más claras del final, del derrumbe, las estamos viendo a diario. Las deserciones de personeros “leales” al proceso. El olor fétido de la podredumbre que impregna toda la estructura gubernamental. La construcción de puentes de salvamento. El arreglo de maletas. La solicitud de visados. Las jugadas de última hora. El que todos sabemos todo. Y de seguro también él lo sabe. Cerca, muy cerca esta el final. Entraremos en la lista de países que en algún momento tuvieron su revolución. La probaron y la desecharon. Supieron, o mejor sufrieron, en carne propia, lo irracional, lo contra natura, de las revoluciones. Pero cuidado, todavía faltan eventos por suceder. Cuando algo se derrumba, cuando se cae, arrastra. Son los estertores. El tigre herido trata de atacar. La serpiente acosada lanza picadas. Hay agonías muy peligrosas.


Un amigo me comentaba recientemente sobre la conducta de alguien que esta cerca del final. El amigo me acotaba que lo normal debería ser humildad, solicitar y ofrecer perdón, rezar para su intimidad. No el ser altanero, arrogante. Pero el caso que nos ocupa no es normal. Aquellos hombres que se creen predestinados piensan y actúan diferentes. Y parece que este es el caso. Pienso que algunos lo hacen honestamente, siguiendo los dictados de su mente, de su creencia, de su convencimiento. “Yo soy quien va a salvar a mi país, al mundo”. “Voy a terminar la obra inconclusa del padre de la patria” “Voy a derrotar al Imperio”. “Voy a redimir a los pobres del mundo”. Por eso de pedirle a Cristo que le pase la corona de espinas y la cruz, pero que le de un poco más de vida para completar la obra. Bolívar sabiendo que se moría todavía soñaba con la Gran Colombia. Hitler sabiéndose derrotado inventaba divisiones. No puede pedir perdón porque él piensa que lo que hace es lo correcto. Sus actos de contrición han sido pasajeros y para coger nuevos impulsos. Veremos que pasará al final, que parece esta cerca. Muy cerca. Y, nuevamente, cuidado, muchos piensan que no es descartable una salida violenta. Particular o colectiva. Que el Todopoderoso se apiade de él, de la revolución, de todos nosotros, de Venezuela.



Iolaizola@hotmail.com

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