Era Santo de mi devoción

27/05/2012

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Vino, reposó, reapareció, se encadenó, insultó, amenazó, cantó y se fue.

Entre las prioridades de los gobiernos está el defender sus propios intereses que se supone son los de la nación, es decir de su pueblo. Eso debe ser así, al menos en los gobiernos democráticos. Hay otros gobiernos que anteponen otros tipos de intereses a defender. Claro todos, sin excepción, dicen, proclaman, que todo lo que hacen es para defender los intereses de sus pueblos y además por mandato expreso de estos. Cerca tenemos dos casos a comentar. El primero es el del gobierno nuestro, bueno eso de nuestro es un decir, que habla, y cómo habla, y actúa, rara vez, en nombre del pueblo, pero como no aclara a qué pueblo se refiere y viendo sus realizaciones, bueno enterándonos de ellas por vías clandestinas, entendemos que se refiere a otros pueblos: al cubano muy especialmente, pero además al nicaragüense, al boliviano, al ecuatoriano, al argentino y a los nuevos hermanos bielorrusos, rusos, chinos, iraníes y hasta los afro descendientes del Bronx. Los viejitos de antes dirían candil de la calle y oscuridad de la casa.

El otro caso es el del gobierno colombiano. Cuando lo presidía Uribe, su gobierno defendía a sus compatriotas de los narco guerrilleros, y vaya que los defendía, casi que los derrota totalmente. Por defenderlos se peleó con sus vecinos. A Correa le invadió su territorio para acabar con una guarida de las FARC y rescató unas laptops que han hablado y parece que todavía siguen hablando, más que Aponte Aponte. Y estuvo a punto de liarse con su vecino oriental, valga decir nosotros, por salir “nuestro comandante en jefe” a defender a Correíta. Pepa asomada diría alguno. Menos mal que no hubo necesidad de disparar un tiro porque los tanques nuestros llegaron solo hasta Tocuyito. Ahora ese gobierno lo preside Santos, su antiguo ministro de la Defensa, y genio de la estrategia militar colombiana contra los narco guerrilleros: Y éste también defiende a sus conciudadanos. Lo primero que hizo fue declarar que había conseguido un nuevo mejor amigo y logró que le pagáramos todas las deudas del intercambio comercial, bueno del intercambio comercial “one way”. También logró que el comandante de aquí hablara con los comandantes de allá para que dejaran de jorobar. Hasta allí todo bien. Pero a veces lo que pasa es que algunos gobiernos por defender sus propios intereses lesionan los de otros pueblos. Por eso alguien dijo que los gobiernos tienen intereses no amigos. Excepción hecha, claro está, del gobierno revolucionario castro comunista del siglo XXI, que tiene amigos como sorgo. Pero lo del presidente Santos, últimamente, como que se le ha pasado la mano. Creerle a pinocho no es muy de santos más bien de ingenuos. O será que hay algo por debajo que no sabemos. El tiempo lo dirá. Está bien que defienda los intereses de su pueblo, que de suyo es muy genuino, pero no puede ser que para lograr eso nos crea a nosotros más problemas de los que ya tenemos. Que use la defensa de su nuevo mejor amigo para atacar a su antiguo jefe. Con todo respeto presidente Santos usted dejó de ser santo de mi devoción.Iolaizola@hotmail.com

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Suizos, belgas o cibernéticos.

12/05/2012

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

 

Urgente, urgente, se solicita nuevo presidente. Requisitos: que sea Vargas y no Carujo. Y que no pretenda ser el Bolívar II.


En una ocasión el compañero Manuel Peñalver, recién fallecido, dijo que nosotros no éramos suizos. Verdad catedralicia. Eso fue dicho en la era democrática. Pero si uno observa el comportamiento actual del país, en la era revolucionaria castro comunista, y entendiendo que Suiza y Bélgica son vecinos y de alguna manera bien parecidos, ahora se podría decir que somos suizos o al menos belgas. Y claro que somos más belgas. Los belgas tuvieron casi dos años sin poder formar gobierno. Nosotros, desde hache ya muchos años no tenemos gobierno, lo que se dice gobierno. Es decir una institución que se ocupe de atender los problemas del país. Que se ciña a las disposiciones establecidas en la carta magna, valga decir Constitución. Que dialogue con todo el país. Que respete a todos. Que acepte las críticas, las divergencias, que acepte a la oposición. Que le rinda cuentas a la nación. Que respete los otros poderes del Estado. Que actúe con sindéresis. Que se ocupe de la seguridad de los ciudadanos. Que invierta los recursos dentro de su geografía y para resolver los problemas de sus nacionales. Que cada nivel de gobierno tenga sus propis funciones y que ellas sean respetadas. Bueno que sea un gobierno que gobierne. Y eso no lo hemos tenido en Venezuela desde que el teniente coronel felón se montó en el coroto. Hemos tenido otra cosa. Y, como los belgas, de alguna manera, hemos seguido siendo país. Bueno hay opiniones al respecto. Y como dice el amigo Blanco Muñoz, parece que más bien somos un ex país.


Pero ahora somos más belgas, de un año para acá, no solo no tenemos gobierno sino que no tenemos presidente. A belga tan buena. O será que tenemos dos presidentes como se dijo tiempo ha. Lo cierto es que el que se llama jefe de Estado y de gobierno, jefe del partido único, comandante en jefe, supremo líder del proceso, tiene tiempo que no vive por estos lares. Pero además de belgas y suizos, somos también cibernéticos. País de alto avance tecnológico, de punta pues. Somos el primer país del globo terráqueo y a lo mejor del sistema solar y de nuestra galaxia, que se gobierna a través de un celular o mejor de un pajarito. Claro en lo que si no parece que somos muy belgas, ni suizos, ni cibernéticos, ni a ningún otro país, es en algunos detallitos de la cotidianeidad. Ejemplifiquemos. Nuestras carreteras tienen ahora algunos pocas partes sin huecos. De vez en cuando se pueden adquirir (no adquerir) algunos productos de primera necesidad en lo que se llaman supermercados, que ahora, gracias a la revolución, se parecen más a las otrora llamadas pulperías. En algunos fines de semana se puede salir a la calle y regresar vivos a la casa. No hay policías y ladrones, como es normal no solo en Bélgica y en Suiza, sino en todos los países del planeta, aquí solo tenemos policías. Tenemos más petróleo que Bélgica y Suiza juntos, pero hay fines de semana que no tenemos gasolina. Claro tenemos farmacias como los belgas y los suizos, pero, y siempre hay un pero, no tenemos remedios, me recuerdan mucho a las antigua boticas de pueblo. Hay mucho trabajo, sobre todo trabajo por hacer, pero no hay empleos. Construimos más viviendas que Bélgica y Suiza, pero como decía un viejo slogan turístico, son el secreto mejor guardado del caribe. Tenemos más ministerios que Suiza y todos los países bajos, pero ningún ministro despacha, solo el jefe supremo lo hace, bueno en realidad no hace nada solo parla. Es posible que tengamos más médicos que los que tienen en esos dos países de referencia, pero ninguno sabe de oncología, claro que los que estamos graduando vía fast track, me informan, que ya saben hasta poner inyecciones. Como los belgas y suizos, hablamos varios idiomas. Además de los dialectos nuestros, maracucho, oriental, andino, hablamos cubiche y groserías, sobre todo los jerarcas del régimen, incluidos el comandante en jefe, el silva y el enano. También nos diferenciamos de los suizos y belgas porque tenemos dos capitales: La Habana y la Caracas de techos rojos, ahora más rojos que nunca. “A según dicen” tenemos el mayor salario mínimo, pero parece que nuestros billetes son como los del juego de Monopolio.


Y cuando estoy a punto de terminar de escribir este paraninfo, me entero que hay otro país al cual también nos podemos parecer. Me refiero a Grecia, pero no a la Grecia de Sócrates, Platón o Aristóteles, sino más bien a la Grecia de Amanecer Dorado.


Iolaizola@hotmail.com

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Todo se derrumbó

06/05/2012

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

 

Hacer en pocos meses lo que no se hizo en catorce años es bien difícil. Ni un palo de gua lo salva.


Las revoluciones tal como llegan se van. Llegan atropellando y salen despavoridas. Algunas duran largos tiempos, pero siempre tienen tiempos finitos. Son como la muerte, desde que nacen comienzan a descontar sus tiempos de vida. Y la “revolución nuestra”, si, esa tal bolivariana, socialista del siglo XXI, aun cuando es difícil ubicarla dentro de esa denominación, también le esta pasando lo mismo. Apenas dio sus primeros pasos comenzó a fallecer. Por más deseos e intención de su supremo y único líder y mentor, el derrumbe comenzó temprano. Claro que esta “nuestra revolución” tenía algo que pocas han tenido. Dinero en abundancia. Pero el dinero se acaba. Las promesas se evaporan. Las mentiras se desmontan. La realidad es más fuerte que los deseos. Y estos no empreñan. Catorce años han sido ya demasiado para esta “nuestra revolución pacífica pero armada”. Y, además de los inmensos errores, típicos de toda revolución, de la alta corrupción, de la ineficiencia, del despelote, de los odios, de la intolerancia, se le une a ella el deterioro de la salud del supremo jefe. Evento que hace diferente a esta “revolución bonita” de las demás. El fin del caudillo es el fin de la revolución. Porque también esta revolución fue diferente a las demás. Un solo jefe, un solo caudillo.


Las muestras más claras del final, del derrumbe, las estamos viendo a diario. Las deserciones de personeros “leales” al proceso. El olor fétido de la podredumbre que impregna toda la estructura gubernamental. La construcción de puentes de salvamento. El arreglo de maletas. La solicitud de visados. Las jugadas de última hora. El que todos sabemos todo. Y de seguro también él lo sabe. Cerca, muy cerca esta el final. Entraremos en la lista de países que en algún momento tuvieron su revolución. La probaron y la desecharon. Supieron, o mejor sufrieron, en carne propia, lo irracional, lo contra natura, de las revoluciones. Pero cuidado, todavía faltan eventos por suceder. Cuando algo se derrumba, cuando se cae, arrastra. Son los estertores. El tigre herido trata de atacar. La serpiente acosada lanza picadas. Hay agonías muy peligrosas.


Un amigo me comentaba recientemente sobre la conducta de alguien que esta cerca del final. El amigo me acotaba que lo normal debería ser humildad, solicitar y ofrecer perdón, rezar para su intimidad. No el ser altanero, arrogante. Pero el caso que nos ocupa no es normal. Aquellos hombres que se creen predestinados piensan y actúan diferentes. Y parece que este es el caso. Pienso que algunos lo hacen honestamente, siguiendo los dictados de su mente, de su creencia, de su convencimiento. “Yo soy quien va a salvar a mi país, al mundo”. “Voy a terminar la obra inconclusa del padre de la patria” “Voy a derrotar al Imperio”. “Voy a redimir a los pobres del mundo”. Por eso de pedirle a Cristo que le pase la corona de espinas y la cruz, pero que le de un poco más de vida para completar la obra. Bolívar sabiendo que se moría todavía soñaba con la Gran Colombia. Hitler sabiéndose derrotado inventaba divisiones. No puede pedir perdón porque él piensa que lo que hace es lo correcto. Sus actos de contrición han sido pasajeros y para coger nuevos impulsos. Veremos que pasará al final, que parece esta cerca. Muy cerca. Y, nuevamente, cuidado, muchos piensan que no es descartable una salida violenta. Particular o colectiva. Que el Todopoderoso se apiade de él, de la revolución, de todos nosotros, de Venezuela.



Iolaizola@hotmail.com

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