Ciérrenla, sin miedo

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Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Otro amigo que se va, cuántos no se han ido. Creo que tendrá que hacerle otra promesa al milagroso Cristo de La Grita, que al parecer es el único que le cree a un comunista.

Este régimen en sus casi tres períodos de gobierno de la era democrática, ha hecho más obras que todos los gobiernos anteriores, es decir desde la I República hasta 1998, por lo menos eso se desprende de los discursos del teniente coronel y de lo que uno ve por el canal de todos los venezolanos y sus canales adscritos y oye por los circuitos de radios nacionales y de radios comunitarias. Muchas casas se han hecho, más de las que prometió el difunto liberador del golpista. En un discurso del comandante en jefe, después de un largo viaje, nos enteramos, claro en cadena nacional, que había dado orden de construir los bloques de El Silencio, del 23 de Enero y Caricuao, en Caracas, la Isabelica en Valencia y muchas otras urbanizaciones a todo lo largo y ancho del país. En otra oportunidad, después de otro regreso y otra cadena, nos enteramos de la construcción de la Autopista Caracas-La Guaira, la Regional del Centro, el puente sobre el Lago de Maracaibo y uno sobre el Orinoco, así como las autopistas de los Llanos y la de Oriente y unas cuantas represas para generación de hidroelectricidad, amén de la red ferrocarrilera nacional. Luego de un nuevo regreso y nueva cadena se nos informa de la terminación del teatro Teresa Carreño y del Poliedro. En otra cadena, de la nacionalización de la industria petrolera, la creación de PDVSA y la fundación de la OPEP. Y en el plano político, que es su fuerte, tenemos la mejor constitución del mundo, la mejor división de poderes, la mayor autonomía para los mismos, el estado de Derecho más respetado, el más pulcro órgano electoral y la democracia más participativa y protagónica jamás soñada. Y todo en solo 14 cortos años.

Pero claro, para un gobierno respetuoso de las reglas del juego democrático, le es muy difícil hacer conocer esta magna obra si existen medios de comunicación social empeñados en negarlo todo. Por cada minuto de cadena nacional del jefe del gobierno, o de la información suministrada por los medios gubernamentales, tenemos que calarnos 24 horas de desinformación. Desde las 5 de la mañana y en forma continua, hasta las 5 de la mañana del siguiente día, de domingo a domingo, es un bombardeo constante contra la obra de este gobierno. ¿Y qué hace el gobierno? Nada. Su talante democrático le impide hacer lo que cualquier gobierno de cualquier parte del mundo, hubiese hecho: cerrar ese canal. Clausurarlo y encanillar a sus propietarios, locutores y periodistas, trabajadores y obreros y hasta a los televidentes del mismo. Pero no, la cultura democrática de esta revolución lo impide. El propio teniente coronel pegaría el grito al cielo o a Cuba. Sin embargo los especialistas de las salas situacionales del régimen y altos funcionarios de la revolución entre ellos Nicolás y Cilia, Elías, Diosdado, Izarrita, la defensora y la fiscala, la fosforito, Luisa Estela, los cuatrisoleados y tantos otros con o sin uniformes, aconsejan que debe cerrarse Globovisión. Y yo comparto esa posición. No solo una jalada de oreja a sus propietarios, o una que otra bombita a sus instalaciones o una irrisoria multa. Sin miedo, ya se hizo con RCTV y muchas otras radioemisoras y nada pasó.

Desde el mismo instante que la señal de ese canal salga del aire, el país cambia. Se acaban los crímenes, ajusticiamientos y secuestros. No más invasiones de fincas o edificios. Desaparecen los niños de la calle y se acabarían los pobres. Mejora la situación en las cárceles, sin pranes. No más accidentes en las refinerías. Se construirían los dos millones y medio de casas. Funcionarían muy bien los hospitales y las escuelas. No más partes de guerra los fines de semana. Aparecen el cemento y la cabilla, al igual que el aceite, la harina de maíz, la leche y el queso. La inflación se acercaría a cero. Regresarían los grandes capitales. No habría más protestas de trabajadores y comunidades. No se pudrirían alimentos. Desaparecerían las células cancerígenas. En fin que de seguro comenzaríamos a transitar las bondades del socialismo el Siglo XXI. Sería como si USA le levantara el embargo a Cuba. Y yo, y mi mujer podríamos hacer otras cosas y dejar de estar clavados viendo a Globovisión. Dígame cuando estoy en el baño, haciendo una necesidad fisiológica y oigo la musiquita que no le gusta al comandante, anunciando un avance, salgo mandado con los pantalones por las rodillas. No por favor, ya basta, cierren a Globovisión. Sin miedo “mi comandante en jefe”.

Iolaizola@hotmail.com

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