Hasta siempre Presidente

Por : Iván Olaizola D’Alessandro

Los grandes hombres no mueren. Mueren los farsantes.

Al fin los restos mortales del presidente Carlos Andrés Pérez regresan a su
patria. Multitud de compatriotas le dieron la bienvenida. Venezolanos todos,
de distintas ideologías, partidos políticos, razas, sexo, edades y condición
social y económica estuvieron en la casa de AD, en El paraíso, para
testimoniarle su admiración y respeto, o lo acompañaron en caravana hasta la
Iglesia de La Chiquinquirá y fueron hasta el cementerio de La Guarita, donde
recibió cristiana sepultura, con un poco de tierra de su Rubio natal, a la
espera de mejores tiempos.

Conocí personalmente a Carlos Andrés Pérez por allá por 1971, cuando él era
Secretario General de Acción Democrática, en ocasión de tratar problemas de
índole universitarios. Su sentido de la puntualidad y la forma amplia y
respetuosa de tratar el tema universitario, causaron en mí un gran impacto y
de inmediato me surgió una espontánea admiración por su persona. Electo
candidato de AD a la presidencia de la República me dediqué con todas mis
fuerzas y convicciones a hacerle campaña. Campaña moderna, dinámica, alegre.
“Ese hombre si camina, va de frente y da la cara” caló en lo más profundo de
la mayoría de los venezolanos. Fue una campaña electoral con amplitud,
incorporó a casi todos los sectores de la vida nacional sin importarle
posiciones partidistas pasadas o presentes. Al ganar las elecciones, me tocó
en suerte servir en su gobierno desde posiciones técnicas y gerenciales
universitarias.

El trato que su gobierno le diera a las relaciones con las universidades, la
forma de conducir al país del momento, incrementaron mi admiración y respeto
por el presidente Pérez. Recuerdo con perfecta claridad aquel 1º. de enero
cuando anunció la nacionalización del hierro y luego, lo máximo, en otro
comienzo de año, la nacionalización del petróleo, el sueño de la inmensa
mayoría de los venezolanos, en especial de los jóvenes, hecho realidad. Le
dio un gran impulso a las industrias básicas y a Guayana. Fundó muchas
universidades e institutos y colegios universitarios, el Programa de Becas
Gran Mariscal de Ayacucho. Creó el Fondo de Inversiones de Venezuela y el
Ministerio del Ambiente. Descentralizó la administración pública y promovió
la elección de gobernadores y alcaldes. Hizo realidad el pleno empleo y su
apoyo a la agricultura y la ganadería le dio un gran impulso a este sector.
Con su agresiva política exterior logró un sólido liderazgo dentro del
llamado tercer mundo.

Su primer gobierno tuvo también fracasos, fallas y errores, pero en un
balance objetivo el resultado final es, con creces, positivo. En su segundo
gobierno, diferente del primero, también fui su partidario, entendiendo su
programa de reformas. Fue valiente al tomar duras decisiones de alto costo
político. Siendo rector de la UNEXPO, me tocó asistir al desagravio que el
país y la O.E.A. y hasta Fidel Castro, le hicieron con motivo del cruento
golpe de Estado perpetrado por un teniente coronel que violó su juramento y
usó las armas que la república le había confiado en contra de un gobierno
constitucional y democráticamente electo. Y me dolió verlo salir de la
presidencia antes de tiempo y luego condenado por un acto estrictamente
político. Hasta en ese aciago evento demostró integridad, valentía y un
respeto profundo por las reglas de la democracia. Puso al país y el sistema
de gobierno por encima de sus propios intereses.

Mucho se ha escrito sobre las dos presidencias de CAP y mucho más se
escribirá. Fue un hombre polémico, como todos los líderes importantes. Todos
le reconocen atributos de estadista, de gran venezolano y demócrata a toda
prueba. Hasta los que en su oportunidad lo vilipendiaron. Como ser humano
erró pero fue sabio al reconocer sus errores y enmendarlos. Predicó la
tolerancia. Con el arribo de sus restos mortales a la patria y las inmensas
manifestaciones del pueblo hacia el presidente, ese pueblo suyo incluido los
rojitos prestados, ha avivado el miedo en quien intentó, sin éxito,
derrocarlo. Y es que el felón sabe que ya lo derrotó una vez y seguro, desde
la tumba, contribuirá, como el Cid, a derrotarlo nuevamente. Renovamos el
abrazo solidario de sincero sentimiento de pesar a todos sus familiares y
amigos, a todos mis compañeros acción democratistas, a todo el pueblo
venezolano y a todos los pueblos democráticos y libres del mundo. Sus restos
quedan en una fosa, pero su espíritu de guerrero y caminante incansable nos
acompañará en el pronto rescate de la democracia. Hasta siempre presidente.

Iolaizola@hotmail.com

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