Revolución de miércoles

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Dado el gran revuelo que ha causado un evento sucedido hace ya casi nueve meses, durante un juego de pelota en la Serie del Caribe, en Margarita, y que no fue noticia importante en su momento, pero que ahora adquiere relieve mediático en vista de que el joven que vestía una franela con la leyenda “Hugo me cago en tu revolución”, ha sido citado a los tribunales para ser acusado, por la “democrática revolución” que dirige el teniente coronel felón, de ofensa grave en contra del gobernante de turno, se nos ha ocurrido revisar algunos textos para descifrar qué fue lo que quiso significar el joven oriental. Lo primero que debemos aclarar es que personalmente no entendemos el motivo de la acusación. La frase escrita en la franela del joven fanático, que espero sea magallanero, no debería tener mayor importancia por cuanto es una expresión coloquial muy de la madre patria. Allende los mares todo el mundo se caga en cualquier cosa. Hemos oído expresiones como “me cago en tu madre”, por mencionar una de las más suaves. Aquí en Venezuela, tiempo ha, se usó mucho la expresión “me cago en las elásticas” (elásticas: tiras que se usaban para que no se cayeran los pantalones). Además, de acuerdo a la teoría de Maslow, ese acto está incluido dentro de las necesidades fisiológicas, al igual que comida, bebida, vestido, vivienda y sexo, todas las cuales forman la base de la Pirámide diseñada por este investigador, y son las primeras que los seres humanos deben satisfacer y que los gobiernos, revolucionarios o no, se supone tienen la obligación de ayudar a que así sea. Para luego, resueltas aquellas ir subiendo en esa misma pirámide pasando a la Seguridad (empleo, salud, educación, propiedad), y otros peldaños como Afiliación (amistad, afecto, amor), Reconocimiento (respeto, tolerancia) y Autorrealización (moral, ética). Así que se me ocurre pensar que le va a ser bien difícil a los fiscales acusadores del joven, poder demostrar que en esa frase hay alguna ofensa hacia el militar mandante o su “revolución” y muy fácil para la defensa demostrar que no existe ofensa alguna en contra de él ni en contra de nada ni de nadie.   

A lo anterior podemos añadir, y esto se lo paso doy como dato a los abogados defensores,  que el acto involucrado en el letrero de la camisa vestida por el joven, está definido dentro de lo que se conoce como homeostasis, la cual se puede definir como el conjunto de fenómenos de autorregulación que llevan al mantenimiento de la constancia en las propiedades y la composición del medio interno de un organismo. Algo así como el metabolismo que produce múltiples sustancias, algunas de ellas de desecho que deben ser eliminadas. Para realizar esta función los organismos poseen sistemas de excreción, o sea de “eso”. Pero el concepto trasciende lo biológico y se puede aplicar a cualquier sistema, abierto o cerrado, que permita regular el ambiente interno para mantener una condición estable. Es un principio fundamental de la Fisiología, valga decir de los procesos normales. Pero hay más, existe la llamada Homeostasis Psicológica, que se define como el equilibrio entre necesidad y satisfacción. Se busca alcanzar el equilibrio a través de conductas que le permitan satisfacer sus necesidades.

Así que pasando ahora a la otra palabra de la franela, “revolución” y si la entendemos como el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato, que trae consecuencias trascendentales, percibidas como súbitas y  violentas y una ruptura del orden establecido o una discontinuidad evidente con el estado anterior de las cosas, que afecte de forma decisiva a las estructuras, podemos entender que el joven de la camisa con el letrero lo que estaba solicitando, respetuosamente, era equilibrio. Que se les satisficieran sus necesidades. Eso fue lo que hizo la revolución de los Claveles. Y en este siglo trataron de hacer las revoluciones De las Rosas, de la Naranja, la De los Tulipanes, la Blanca (que también de igual color fue la del 18 de octubre) y la Azafrán. Pero no lo ha hecho, ni siquiera lo han intentado,  la revolución cubana ni esta tal “revolución socialista, bolivariana, bonita, pero armada, del siglo XXI”. Así que ni la de Fidel ni la de Hugo se pueden catalogar como revoluciones de “eso”. Son más bien “destroluciones”, es decir procesos anormales, patológicos, que acaban con todo. Como le oí decir, por Globovisión lógicamente, a un compatriota que estaba muy molesto, pro bien molesto que “esta revolución es como los chivos, todo lo que agarra lo destroza”.  

Pienso que a los fiscales designados para acusar al joven de la franela no le va a quedar más remedio que solicitar un sobreseimiento de la causa y recomendarle al teniente  coronel que, en cadena nacional,  lo ascienda. Un sol margariteño, pues.

Iolaizola@hotmail.com

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