¿Hasta cuándo aguantaremos?

Por: Iván Olaizola D’Alessandro.

Se necesitan lámparas de carburo para alumbrar plantas nucleares.

Nuestras universidades están viviendo tiempos bien difíciles, quizás los peores de toda su historia. Me refiero a las Universidades, con mayúscula, las de verdad, que todavía quedan en el país. Estas universidades son atacadas desde adentro y desde afuera. El actual régimen comunista al no poder controlarlas por la vía democrática, electoral, trata de destruirlas estrangulándolas presupuestariamente, atacando a sus genuinas y legítimas autoridades. Lanzándoles públicas acusaciones, sin prueba alguna, de mal manejo de los recursos, de corrupción, de que no presentan cuentas. De ser centros contra revolucionarios, de derecha, pro yanquis, imperialistas, de estar de espaldas al país, a su desarrollo. Desde dentro grupúsculos facistoides, rojos rojitos, de profesores, estudiantes y empleados hacen lo propio. Todo esto con el apoyo abierto y podríamos decir, sin temor a equivocarnos, auspiciados por el propio ejecutivo, en especial por el actual ministro del popoeu. Y los universitarios, los verdaderos universitarios, creyendo todavía en la democracia, tratamos de defenderla usando lo métodos y las armas que nos ha enseñado ella misma. Protestamos civilizada y pacíficamente. Pedimos diálogo, discusión amplia y abierta. Científica y de respeto a todas las ideas. Realizamos asambleas. Marchamos. Preparamos documentos. Se presentan cuentas claras y públicas. Pero nada de esto logra respuesta alguna, a no ser actos de salvajismo, de violencia, de parte de las huestes oficialistas, de intolerancia. Las autoridades competentes, bueno eso de competentes es un decir,  solo responden con acusaciones, con ataques, con amenazas, con descalificaciones. La Universidad se ha convertido en el enemigo número uno a vencer para este régimen castro comunista.

Los organismo de dirección universitaria: sus Consejos Universitarios, de Facultad y de Escuela; y sus gremios: las asociaciones de profesores, las federaciones de estudiantes y los sindicatos de empleados y de obreros, hacen todo lo que está a su alcance para defender su Alma Mater. Pero día a día vemos cómo se hace más difícil esa defensa. Ya ni siquiera llegan recursos para cancelar las nóminas de pago al personal. Ni hablar de recursos para los servicios indispensables ni para la investigación y la extensión, aun cuando la propaganda gubernamental habla de créditos y más créditos adicionales. Aprobados a destiempo, que llegan tarde o incompletos, si es que llegan, con un bolívar totalmente devaluado. La idea es hacer morir de mengua a nuestras universidades. Arrodillarlas. Tratar de doblegarnos por la vía del estómago. Muchos docentes están abandonado sus cátedras, ganadas por concurso las más de ellas, otros se han conformado con ir bajando en la escala socio económica, integrando la clase media baja o más abajo. Creo que ahora si podemos llamarnos proletarios universitarios. Mientras vemos como se despilfarran los recursos del país. Como se los roban. Como se les regalan a los gobiernos que adulan al teniente coronel. A Cuba, a Nicaragua, a Bolivia, a Ecuador, a Argentina y ahora a países asiáticos o africanos. Otros recursos se invierten en proyectos irrealizables, propios de un megalómano o en adquisición de armamento para una guerra imaginaria.           

Adicionalmente oímos el discurso del teniente coronel felón despotricando de los profesionales egresados de nuestras universidades en comparación con los profesionales de otros países, de los países gobernados por sus compinches. “Nuestros médicos no sirven, son unos flojos, peseteros, capitalistas. No son como los médicos cubanos”. Recién, en este último periplo inútil, por países euroasiáticos y árabes, le oímos decir que traerá profesionales conocedores de tecnologías de construcción de viviendas de algunas de esas partes para enseñarnos a nosotros, los ingenieros venezolanos, a construir. Estúpido. Yo lanzo un reto. Que se forme un jurado internacional, probo, y se careen los médicos e ingenieros venezolanos con sus pares de algunos de esos países. Igual reto hago para que se enfrenten académicamente los alumnos, en diferentes disciplinas, de nuestras universidades, las de verdad, las autónomas, con los estudiantes de esas tales universidades socialistas creadas por este régimen. Y veremos los resultados. Yo apuesto “fuertes a morisquetas” a los míos.     

Pero ¿hasta cuándo podremos aguantar los universitarios que se nos veje, que se nos atropelle, que se nos humille, que se lesionen nuestros legítimos intereses y se destruyan nuestras universidades? ¿Hasta cuándo podremos mantener esta compostura franciscana ante los gorilas de este régimen comunista, militarista y fascista? Esa bomba de tiempo que se está incubando en el pueblo venezolano por tantos abusos del régimen, por tantas violaciones a la Constitución y leyes, y a los derechos ciudadanos, por tanta inseguridad, por tanta deficiencia de los servicios públicos, por tanta incapacidad de los gobernantes, por tantos engaños y mentiras, puede comenzar su ignición desde dentro de las propias casas que vencen las sombras. Tanto da el agua al cántaro hasta que lo rompe. Cuidado.       

Iolaizola@hotmail.com

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