Y a nosotros quién nos defiende

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Otro show presidencial etiquetado de golpe de Estado por la insulsa OEA.

Hay dos organismos internacionales, intergubernamentales, muy importantes. La Organización de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos. La primera, la ONU, es la mayor organización internacional existente y se define como una asociación de gobierno global que facilita la cooperación en asuntos como el Derecho Internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos. Y la segunda, la OEA, es un organismo regional, un foro político para el diálogo multilateral, de integración y la toma de decisiones de ámbito americano. Debe trabajar para fortalecer la paz y seguridad, consolidar la democracia, promover los derechos humanos, apoyar el desarrollo social y económico y promover el desarrollo sostenible en el continente americano. En ambos casos son foros para que los gobernantes de turno de los países miembros acudan a expresar sus puntos de vista sobre los temas más relevantes de sus países. La ONU, donde están representados todos los países del mundo, dada su conformación heterogénea, ha devenido en un organismo difícil de tomar decisiones. Allí están representados países con gobiernos de muy diferentes posiciones ideológicas y de orígenes diversos. Democráticos y no democráticos, pero su carta constitutiva lo permite. La OEA la integran todos los países del continente americano, pero su definición obliga que los países que la integran deban tener gobiernos democráticos.

Muchas décadas han pasado de la aplicación de la llamada política Betancourt que obligó a excluir a la Cuba de Fidel Castro de esa organización por no ser un gobierno democrático. En los últimos tiempos la OEA se ha venido convirtiendo en una especie de club de mandatarios para la defensa de sus propios intereses. No soy experto internacionalista pero entiendo que de la lectura cuidadosa del acta constitutiva de la OEA y de su más reciente Carta Democrática, se desprende que esa organización debe defender a los gobernantes de los países del continente americano en tanto y cuanto éstos sean genuinos y verdaderos defensores y respetuosos de los derechos de los pueblos a quienes representan. Pero sus más recientes actuaciones nos han demostrado que no es así. Simplemente allí se defienden los intereses de los gobernantes de turno. Unos con otros se apoyan, se respaldan, sin importar en absoluto lo que piensen lo pueblos a quienes se supone ellos representan o si respeta los principios de la organización. El gobierno de Cuba sigue siendo el único sancionado por irrespetar esos principios, pero no porque la actual OEA así lo quiera, sino porque Fidel y Raúl no desean ser miembros de la organización. Ellos están claros en que la OEA es una entelequia y que sacan más ventajas de sus relaciones bilaterales que siendo miembros de ella.

Los gobiernos de Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela, por ejemplo, tendrían que explicar muchas cosas en la OEA si realmente se aplicaran los principios establecidos en su carta fundacional y en su Carta Democrática. Son gobiernos de dudosa democracia. Sus gobernantes violan permanentemente los principios y reglas de la democracia. Si, sus orígenes son legítimos, fueron electos democráticamente, pero su desempeño dista mucho de ser verdaderos demócratas. Abusan del poder obtenido, violan todas las normas de sus constituciones, no aceptan la disidencia, persiguen a sus opositores, han acabado con principios fundamentales de todo régimen democrático: la alternabilidad del poder y la autonomía e independencia de los poderes y el respeto a los resultados electorales.

En nuestro país, para mencionar el ejemplo más patético, democracia cono tal, no existe. Los poderes públicos están enajenados al capricho y a la orden de una sola persona. No se permite disidencia. La oposición se etiqueta de enemiga. Una sola persona dice quién va preso y quién no. Las libertes individuales están condicionadas. La libertad de expresión se hace cada vez más peligrosa su ejercicio. La propiedad privada va en extinción. Si, se hacen elecciones casi a diario, pero los resultados de éstas se respetan si favorece al gobernante. El librito azul que contiene la Carta Magna del país, sólo sirve en tanto y cuanto favorezca los deseos y caprichos del mandatario. Fue electo para ejercer un gobierno democrático e inventó una revolución socialista que no sólo al decir del Cardenal y de Fidel es un comunismo, sino que sus ejecutorias lo confirman cada día. Pero el dinero del petróleo, de nuestro petróleo, ha comprado la conciencia, el voto, el silencio, la conchupancia, la cabronería, de la mayoría de los gobernantes, miembros de la OEA. Nuestro teniente coronel decide qué es bueno y qué es malo para nuestros pueblos. Qué es golpe de Estado y qué no lo es. Quién puede ser miembro de la OEA y a quién hay que execrar.

¿Y a los pueblos quién los defiende de sus gobernantes? ¿Cómo hacemos para defender nuestros legítimos derechos sin ser acusados de golpistas, de contra revolucionarios? ¿A dónde acudimos? Los pueblos no dan golpes de Estado, exigen y reclaman sus derechos. Los golpes de Estado lo dan los militares. ¿Será que tendremos que llamar al Chapulín Colorado?

Iolaizola@hotmail.com

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