Los gobiernos comunistas siempre mienten y matan

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Paz a su alma y el deseo de que su inmolación no sea en vano. El gobierno inventó la tarjeta Sears. Tiby, si es verdad embustera.

A finales de la década de los cincuenta la mayoría de los jóvenes universitarios éramos fidelistas. Recogimos el “bolívar para la revolución cubana”.  Admirábamos las proezas olímpicas de los atletas cubanos. Luego de haber visitado muchos países comunistas nos pareció que no era verdad tanta belleza y más bien, de alguna manera, comenzamos a admirar a Josip Broz Tito, y su especie de tercera vía, el movimiento de Países No Alineados. Fue en esa etapa, recién graduado, a mediados de los sesenta, que comencé a trabajar como ingeniero de planta de una fábrica experimental de vajillas en La Morita, estado Aragua. Allí conocí a un viejo yugoeslavo que había salido exiliado de la Yugoslavia de Tito, la República Federativa Socialista de Yugoslavia, tiempo después que fusilaran a Draza Mihajlovic, un clérigo católico, declarado culpable de colaboración, alta traición y crímenes de guerra por el Departamento de Seguridad Popular, en julio de 1946 y como él era un católico practicante no le quedó más remedio que coger las de Villadiego para salvar el pellejo. El mundo que da muchas vueltas lo trajo por estos lares. En realidad era un artista ceramista y muy buen conversador, claro con las dificultades propias de adaptación de su lengua de origen al castellano. Pero con todo pasaba un buen rato oyéndole todas sus historias sobre Tito. Me conversaba sobre los partisanos, el nacionalismo de Tito, su actuación en la segunda guerra mundial, el pleito con la Conferencia Episcopal, su excomunión por parte del Vaticano. Su lealtad a Moscú y a Stalin y la supuesta ruptura de ambos. Su apoyo a la guerra civil griega. Su prédica de que su socialismo era diferente del sistema soviético. Su expulsión del Kominform. Los supuestos magnicidios promovidos por Moscú. Los campos de concentración en algunas islas yugoslavas. El deseo de eternizarse en el poder. En fin que mi viejo amigo viejo serbio me relataba con lujo de detalles todo lo que vivió y se enteró de la dictadura de Tito. Para la época de nuestra conversa ya llevaba Tito más de veinte años mandando. Y resumía sus apreciaciones históricas asegurándome que los gobiernos comunistas son unos grandes embusteros y criminales. Engañan y matan en función de su socialismo. Dada su vehemencia no le discutía al respecto, solo lo oía y me guardaba mis dudas por respeto a su avanzada edad. Ni por más remota idea me pasaba por la mente que en algún momento de nuestra historia futura experimentaríamos en carne propia los comentarios del viejo serbio.

Casi cuatro décadas después llegó al poder en nuestro país un militar felón, y comenzó la tragedia. Recordando a la distancia las vespertinas conversaciones con mi viejo amigo, allá en La Morita, la misma que visitó Kennedy con don Rómulo, me parece verlo y oírlo  contándome aquellas cosas que me parecían mentiras o media verdades o en todo caso reconcomio de un exiliado. Hoy podemos hacer similitudes, sobre todo en la parte negativa,  entre el Mariscal Tito y el teniente coronel. Arriba al poder por los votos. Hace promesas populares que avivan la esperanza de las masas populares, sobre todo de las más desposeídas. Usa su verbo para hacer promesas de todo tipo. Promete las cosas más inverosímiles. Plantea terceras vías. El nacionalismo es una de sus banderas. Inventa un nuevo socialismo. No es comunismo es socialismo del siglo XXI. Hasta que un cardenal y un comandante lo desenmascaran. Tenemos presos políticos, exiliados, pleitos con la Iglesia y con todo  aquel que ose disentir de sus opiniones, deseos o caprichos. Quiere guerrear contra todos, claro de embuste no como el Mariscal. Cambia la Constitución a su antojo. Le cambia el nombre a todo, en especial al país. Sus magnicidios se cuentan por decenas. Y plantea su especial deseo e interés de estar en el poder de por vida. Y, lo más parecido, son las mentiras y los crímenes.

Donde quiera que esté mi viejo amigo yugoslavo le pido disculpas por no haberle creído mucho sus historias. Hoy las estamos viviendo y creo que de forma potenciada. Ojalá no haya que esperar que el Todopoderoso lo llame a su regazo para salir de esto y que sea la voluntad del pueblo soberano la que se imponga, que se de cuenta de las mentiras y  engaños y crímenes de este régimen comunista. Que como todo gobierno comunista miente y mata. Las dos últimas perlas: La muerte de Brito y la Cédula del Buen Vivir. Por eso todos a votar, a  votar por los candidatos de la MUD, el 26 de septiembre, para elegir una Asamblea Nacional democrática, no comunista. Así será.

Iolaizola@cantv.net

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