En cada universidad un cuartel

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

Ayer pasé por un sitio donde había muchos libros, antro de burgueses. Exprópiese.

En cada cadena el teniente coronel hunde más el acelerador, sobre todo después de leer las encuestas. Continua trastocándolo todo, como buen revolucionario. Destrúyase, exprópiese, confísquese, bórrese, que no quede piedra sobre piedra. Si hacemos memoria recordaremos que lo primero que cambió fue el tradicional juramento de asumir el poder. Después el tratamiento oficial de señor o ciudadano presidente, por el revolucionario de “mi comandante” y luego el más revolucionario de “mi comandante en jefe”. Bandera, escudo, nombres de avenidas, calles, teatros, puentes, plazas, parques, poder públicos, ministerios y hasta el propio nombre del país se llenaron de revolución. Lo de todos pasó a ser propiedad de un solo dueño. La propiedad privada de los demás va en vías de disolución. Y así, sin prisa pero sin pausa, se ha ido trastocando todo el quehacer nacional. Desde la simple forma de conversar y saludarnos hasta las cosas más complejas del trato con el Estado y el gobierno. Un único y absoluto tomador de decisiones. La revolución avanza a paso de vencedores, entre socialismo y muerte, sobre todo en esto último. La elasticidad constitucional así como la de las leyes se ha hecho infinita. Se han demarcado perfectamente los espacios para unos y para otros. Para los rojos la parte de arriba del embudo, para los demás lo angosto. Y así han pasado los años, y los lustros. Pocos espacios quedan libres del ventarrón revolucionario. De los pocos que quedan el más emblemático es un grupo de universidades, aun cuando han sufrido continuos embestidas.

Apenas arrancó el proceso “revolucionario”, el primer ministro del sector educativo, Navarro, y el director de OPSU, Luis Fuenmayor Toro, “revolucionaron” las instituciones de la Educación Superior. Intervinieron los Institutos y Colegios Universitarios. Enfilaron sus baterías en contra de las Universidades Experimentales, destituyendo sus legítimas autoridades. Esa estrategia les falló en algunas debido a la reacción valiente y decidida de sus comunidades. La UCV, ULA, LUZ, UC, USB, UDO, UCLA, UNEXPO, UNET han aguantado las arremetidas de las bandas armadas revolucionarias, de las propias autoridades gubernamentales, y del propio teniente coronel. El voto del claustro ha venido derrotando las botas. Pero la “revolución” no se detiene, no se rinde. Acuña y Castejón tomaron el testigo. La LOE las puso a punto de mate. Ahora un auténtico bolchevique dirige el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria y le han dado el encargo de poner en ejecución las vías más prácticas para acabar con las universidades. Un demagógico llamado a una “constituyente universitaria” y el deterioro presupuestario. Sueldos miserables, investigación en cero, deterioro de instalaciones. CNU dejó de reunirse como lo establece la ley y es el MINPOPOEU quien decide.

En los últimos días hemos visto la reacción de algunas de las autoridades universitarias, de la FAPUV y de algunas asociaciones. Débiles para nuestro gusto, pero algo es algo. La comunidad sigue un tanto apática. ¿Conformismo? ¿Impotencia? ¿Miedo? Escribo este paraninfo justo antes de salir a la marcha. Esperemos que esté a la altura de las circunstancias. El optimismo nos obliga a esperar que de un momento a otro toda la comunidad universitaria nacional se hagan sentir. No se puede permitir que un militar felón, que dirige un gobierno comunista, incapaz y corrupto (disculpen las redundancias) derrote a las casas que vencen las sombras. Y este régimen es una inmensa sombra, una oscuridad absoluta. Ante esta situación no nos queda otra a los universitarios que empuñar las armas con que contamos los integrantes de estas casas superiores de formación de inteligencias, es decir el verbo y la pluma, pero si no bastasen estas hermosas armas de la inteligencia universal, habrá que echar mano de otras menos ortodoxas como la protesta, la confrontación, la desobediencia y cualesquiera otras ya que en este específico caso el fin si justifica cualquier medio para lograrlo. Parodiando a uno de los pilares de este proceso: Tierra arrasada y hombres analfabetas, podríamos añadir “Cuarteles si, universidades no”. El último reducto democrático está por caer. ¿Lo permitiremos?

Iolaizola

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