Ponemos la Mesa o pondremos la Torta

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

El ser jefe de un partido, el ser joven o estar preso no puede ser la única credencial obligante para exigir un puesto. La opinión unitaria debe ser la base de cualquier postulación.

Aquello de que el humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra pareciese que siempre está presente en nuestras decisiones, sobre todo cuando se trata de decisiones políticas. Ya vivimos una experiencia traumática, de esas de las cuales se debe aprender para no volver a cometer el mismo error. En Valencia no se pudo cumplir la orden que Bolívar le diese a Urdaneta “defenderla hasta morir”; se perdió esa alcaldía por la tozudez, por decir lo menos, de dos dirigentes regionales, Salas y Paco. En el estado Bolívar Borges y sus justicieros se empeñaron en poner por encima sus intereses partidistas a los de la mayoría de la gente de oposición, y lo perdimos. En mi opinión muy personal creo que se perdió el estado Mérida porque un partido opositor no le jugó limpio a William Dávila. Igual cosa pudo pasar en el municipio San Francisco del estado Zulia. Y estos son los casos más emblemáticos, pero por esas o causas parecidas se deben haber perdido alrededor de unas cuarenta alcaldías y muchos legisladores regionales. Esto es muy fácil comprobarlo, sólo hay que revisar los resultados electorales del 3D y usar las matemáticas como le gusta hacer al teniente coronel. Cuántos candidatos que se lanzaron a lo macho, porque les dio la gana y se creían líderes indispensables, quedaron detrás de la ambulancia como los caballos de carrera tipo burros haciendo perder al candidato que sí tenía reales posibilidades. Y lo peor, que muchos de estos “líderes” los vemos de nuevo exigiendo puestos en planchas. Porque nominal ni se les ocurre.

La “batalla de carabobo” si, con minúscula, es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer. Y situaciones parecidas están pasando en Miranda, Táchira y algunos otros estados.

Sin embargo soy optimista. Pienso que al final las planchas que presentarán las fuerzas democráticas serán únicas en todos los estados del país, apoyadas por todos los sectores del país democrático. La sensatez se impondrá en los dirigentes de los partidos políticos y en la dirigencia de las diferentes organizaciones de la Sociedad Civil que están activando en política. Y los que se presenten por la vía uninominal, después de realizadas las primarias, donde se hagan, serán los candidatos ganadores y contarán con el apoyo absoluto, total, trasparente de todos. Si esto ocurre así, y tenemos que apostar a ello, exigir, reclamar, presionar que así sea, se tendrán muy buenos resultados electorales el domingo 26 de septiembre. Las matemáticas electorales y las encuestas recientes nos dicen que de no cometer torpezas, errores, tendremos una mayoría importante, determinante, en la próxima Asamblea Nacional. El mismo pueblo, la misma opinión pública, los mismos sesudos analistas políticos, que obligaron a la dirigencia nacional a no presentarse en las elecciones legislativas de 2005 con el resultado conocido de una AN obediente, monocolor, que le ha permitido al teniente coronel felón hacer lo que se le antoje, tienen ahora la inmensa responsabilidad de enmendar aquel dislate. Y la mejor forma de enmienda es obligando a la unidad, castigando a los desertores, yendo a votar, vigilando los votos y prestos a reclamar el triunfo impidiendo cualquier atisbo de trampa, de fraude, que se le ocurra hacer a este gobierno tramposo. Ninguna conseja, ninguna justificación, puede ser válida para no ir a votar y a votar bien.

La importancia de las elecciones legislativas del 26 de septiembre es de tal magnitud y significación que muchos creemos que lo que está en juego en ellas es la salud de la república. Es escoger entre seguir, o más bien regresar, a la democracia o dar el salto definitivo al comunismo. Es decidir entre Venezuela y Cuba. Entre la libertad y la dictadura. Entre la civilidad o el militarismo. Ese domingo decidimos el futuro de la patria de Bolívar, de nuestros hijos y nietos. De ingresar al siglo XXI o regresar al XIX. Por eso aquel dirigente político, aquel partido o grupo político, aquella ONG, aquel sector que no acate las disposiciones o decisiones unitarias tomadas por la Mesa de la Unidad Democrática y que hagan perder aunque sea una sola curul deberán ser expuestos al escarnio público. Los que en ese acto de “lesa patria” incurran deberán ser señalados por siempre, execrados. Toda la dirigencia del país, todo el país, todo el pueblo democrático, está en la obligación de poner la mesa, de lo contrario pondremos la inmensa torta.

Iolaizola

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