Productividad y Progreso 40 años haciendo caminos

Por: Iván Olaizola D’Alessandro

El 15 de noviembre de 1963 egresa de la Universidad de Carabobo la primera promoción de ingenieros industriales de esa casa de estudios y de Venezuela. 13 profesionales conformaban esa promoción que llevó por titulo lo que sería una premonición de la labor que desarrollarían estos ingenieros durante el ejercicio de su profesión: Productividad y Progreso. Dos palabras que en esa época tenían poca significación, aun en el propio sector industrial. Fueron estos profesionales quienes se encargaron de darle sentido a las mismas a través del trabajo serio, responsable, honesto e idóneo. Dejaron las aulas universitarias y se fueron a las plantas de Cerámica y Cemento Carabobo, INSA, SIDOR, CREOLE, PROTINAL, FORD, CHRYSLER, entre otras. Plantas de manufacturas, de procesos químicos, de ensamblajes de productos, de alimentos, de materiales de construcción, de empresas de tecnología tradicional y de empresas de tecnologías de punta. Alli mejoraron procesos; tomaron tiempos y modificaron movimientos; establecieron estándares de producción y normas de higiene y seguridad; calcularon espacios de almacenes y pasillos; determinaron primas y establecieron incentivos para el personal, entre otras muchas actividades. Ejercieron la ingeniería en sus diversas facetas incorporando las enseñanzas del Taylorismo y el Fayolismo, entre otras técnicas de la gerencia de los recursos humanos y de los otros factores de producción. Esta actividad desplegada por estos pioneros hizo de esta nueva rama de la ingeniería, una de las profesiones de mayor demanda en el mercado industrial.

El veloz avance de las tecnologías hizo obligatorio que la mayoría de estos profesionales tuviesen que alzar vuelo hacia otras latitudes a adquirir nuevos conocimientos para adecuarse a los tiempos por venir. Universidades Norteamericanas y Europeas, de gran prestigio, fueron testigos de su deseo de superación. De regreso al país un grupo importante de ellos se incorporó a la docencia universitaria para transferir esos conocimientos avanzados a los futuros colegas. Muchas fueron las innovaciones académicas y profesionales que introdujeron para actualizar la formación profesional.

No pasó mucho tiempo para que la formación recibida en las aulas universitarias, en el país y en el exterior, aunado a la experiencia profesional adquirida les permitiera ir alcanzando posiciones cada vez de mayor importancia, tanto en el plano de la gerencia en empresas privadas y públicas, como en el de la gerencia académica y política del país. Institutos como IPOSTEL, INCE, OPSU e IPAPEDI fueron gerenciados por estos ingenieros. Los ministerios de Educación y Transporte también fueron campo de acción de ellos. Tres universidades han sido rectoradas por estos profesionales, la UNE, la UNEXPO y la UNITEC. Y el CNE, en una de sus etapas más conflictivas, fue presidido por uno de ellos. Y en todas estas y muchas otras posiciones, el trabajo realizado fue hecho con apego a la moral y ética propias de un profesional universitario y la idoneidad de un Ingeniero Industrial. Seguro que hubo errores pero siempre el balance debió ser positivo.

A la par del desarrollo profesional también la productividad y el progreso llegaron al plano personal. Se formaron hogares, nacieron hijos y vinieron nietos. Salieron canas, se cayeron cabellos, creció el abdomen y aparecieron las arrugas. Y claro, como en todo proceso vivo, hubo sus angustias, sacrificios, penas y dolores. Al doblar la esquina de las cuatro décadas de egresados y cercanos a la tercera edad cronológica, faltan algunos. Ramón, Rolando y Cristóbal se adelantaron, seguro que para mejorar procesos en esas eternidades. Otros han sentido la partida de la compañera o del hijo antes de tiempo. Pero la decena que queda sigue produciendo con alta productividad y ayudando al progreso, siendo paradigmas de nuevas promociones. La jubilación no ha sido empantuflamiento.

Cuando egresamos el país se acercaba a un hecho político trascendente. Por primera vez en la historia republicana un presidente popularmente electo le entregaba el gobierno a otro electo en igual forma. Se vivía el esplendor de la insipiente democracia. Hoy, cuando nos aprestamos a celebrar los 40 años de aquella fecha, igualmente nos acercamos a otro hecho de singular importancia. La voluntad popular, con un bolígrafo por arma, resolverá la crisis política, social y económica más profunda que jamas se haya vivido en esta patria de Bolívar. Y de nuevo regresaremos al ejercicio pleno de la democracia que nació cuando recién nosotros iniciábamos los estudios de ingeniería en aquellos provisionales, permanentes, galpones de Bárbula.

Y una anécdota de despedida. El colega que le tocó proclamar al teniente coronel como presidente de la bolivariana en el año 2000, por estar presidiendo el CNE, nos confesó que su mayor aspiración sería poder desproclamarlo. Que Dios te conceda esa gracia, Cesar.

Este 15 de noviembre elevaremos una plegaria al Todopoderoso para agradecerle el habernos permitido servir a nuestro país, ayudar a su desarrollo y dejar sembrada semillas para futuras cosechas. Que más se le puede pedir a la vida.

Iolaizola

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